sábado, 25 de junio de 2011

Alpargatas cool, efecto solidario

Frecuento mucho (demasiado) Tumblr. Para quienes no lo conocen, es una plataforma en la que se pueden compartir fotos, videos y textos. Los tumblers que sigo por lo general suben fotos, por cual para mí esta especie de red social es como la evolución del fotolog que supimos conocer, sólo que en su versión norteamericanizada. Como nena que soy, sigo muchos de moda y desde hace un tiempo a esta parte noté que diferentes usuarios (yanquis, of course) comparten fotos de nuestras queridas y comodísimas alpargatas como la siguiente:


Me resultó curioso no sólo que un calzado así de tradicional haya llegado tan masivamente a la sociedad consumista norteamericana sino que, además, la etiqueta tuviese nuestra bandera. Por suerte está Google para sacarnos todas nuestras dudas: resulta que TOMS es algo así como un movimiento solidario.
En 2006, un norteamericano viajero, Blake Mycoskie, vino a Argentina y (no me consta cómo) entabló amistad con chicos de nuestro país, descubriendo que no tenían calzado para proteger sus pies. Decidido a ayudar, creó TOMS, una compañía que por cada par de calzado que se compra le da un par nuevo a un chico necesitado. Su iniciativa se amplió y ahora también con TOMS Eyewear, por cada par de lentes que se adquiere, la empresa le da asistencia oftalmológica a quien lo necesite en países en vías de desarrollo.
La cuestión es que ahora TOMS hace alpargatas y gafas cool y la juventud estadounidense parece haber comprado esta iniciativa con gusto. Es paradójico que un movimiento que tiene sus raíces en las diferentes situaciones de necesidad haya impuesto una moda, ¿no? Bienvenido sea.

miércoles, 8 de junio de 2011

7 de junio: Día del Periodista

"I got this idea of doing a really serious big work. It would be precisely like a novel, with a single difference: every word of it would be true from beginning to end".-
Truman Capote

sábado, 21 de mayo de 2011

Instantánea de Jack Johnson

El recital de Jack Johnson, en el marco del Quilmes Rock, cumplió a rajatabla con todas las peculiares características que se repiten cada vez que nos une en multitud un músico o banda.

Aún después de que la marca de cerveza parodiara en sus publicidades las ridiculeces que hacemos cuando vamos a algún show, la gente parece mantener las costumbres.

La más común fue la de las coordenadas absurdas por teléfono para que el amigo que llegó tarde ubique al grupete. A la torre de sonido -que es la única referencia fija- se le otorgaron variados nombres: “mangrullo”, “andamio”, “coso”, “donde están los camarógrafos” e infinitos etcéteras. Ya se sabe que las chances de ubicar a alguien son 2 en 40 millones, sin embargo, se sigue apelando al inútil “estoy levantando el celular”.

Por otro lado, estuvieron esas personas que creen más importante captar con la camarita y/o celular lo que ocurre en el escenario que, de hecho, estar apreciando el show. Se les cansa el brazo, pero lo mantienen alzado hasta las últimas consecuencias, chequeando de tanto en tanto a través de la pantallita que esté todo en orden. Ahora bien, no importa haber pagado un dineral por estar ahí, sólo es importante que salga bien el videíto con sonido saturado que va a terminar subido a YouTube junto con miles de videos chotos más… Es más comprensible si se está a una distancia envidiable de la estrella, pero si estamos a varios metros, dudosamente el resultado de esa grabación valdrá la pena.

Los que no faltaron son los que por primera vez van a un recital “de parados” y se quejan de que no ven nada y también rezongan cuando alguno se ubica adelante. Jack Johnson convocó a un montón de estos novatos o parejas cuyo prontuario recitalero se limita al Luna Park. Digamos que su música amerita más un recital de esas características -más íntimas- que un festival rockero. A la fuerza, tuvieron que conocer la ley de la selva, que establece que si encontraste un hueco copado, te quedás hasta que la masa te lo permite. La gente va rotando y te tenés que almodar, codear o empujar; putear a cada uno no es una opción.

También dijo presente la minita sacada/calentona que se sabe todos los temas y los canta en un agudo importante que llega a tapar los decibeles del sonido. Es la misma que en la adolescencia fue a ver a los Backstreet Boys y no pudo deshacerse de los vicios. Es importante saber que están en todos los recitales y creen que cuanto más fuerte gritan, más le calientan la pava al que está arriba del escenario. También es inútil tratar de callarla.

Finalmente, ya no quedan dudas de que el público argentino es de los más aduladores. No importa qué haga el músico, de hecho Jack se equivocó de verso en alguna ocasión y arrancó con los acordes pifiados en otra, pero bastó que se disculpara diciendo que hace tiempo no se sube a un escenario para que todos lo aplaudieran como si fuera la última vez.





jueves, 5 de mayo de 2011

The New York Times, al cine

En moda le dicen "must have" (esa prenda y/o accesorio que no puede faltar en el guardarropa). En este caso, este próximo estreno sería un "must watch" para todos los que nos apasiona el periodismo.
Se viene el documental de The New York Times, "Page one: inside The New York Times", dirigido por Andrew Rossi, con fecha de estreno el 24 de junio en Estados Unidos. Esperemos que llegue, al menos, a algunas salas porteñas.

Vía: @fernandezpm

lunes, 21 de febrero de 2011

No te soltamos

Gustavo Cerati lleva 9 meses en estado de coma debido a un ACV que sufrió en Venezuela durante su gira. Lo repentino del accidente dejó a todos sus fans sin palabras. Pero mi amiga y colega Florencia Di Niro supo expresar lo que todos sentimos. Hoy, cuando su cuadro no parece dar buenas noticias le decimos "No te soltamos"...

Y te recostas en ese sueño entre la vida y la muerte solo porque no te querés despegar de este mundo, o tal vez porque nosotros te agarramos fuerte la mano para no dejarte ir.

Es mezquino querer retenerte pero es doloroso pensar en que te vas. Si te dejamos partir ahora si decidis parar la lucha, se va a sentir un vacio que sabe a dolor en el corazón. Por eso nos aferramos a vos, a la imagen viva y resplandeciente de lo que fuiste, y de lo que no sabemos si vas a volver a ser. Es justamente por eso que los que creen rezan y los que no hacen fuerza para ganarle al la lógica y el esceptismo, todos deseperados por creer que todavía es posible verte despierto. Intentamos vencer, en nuestro pensamiento, a esa muerte que pretende ganarnos en la pulseada o, mejor dicho, ganártela a vos.

Es raro personificar a la vida y la muerte, cuando hablamos de un duelo que venimos transitando hace 9 meses. Porque en mayo perdimos parte de lo eras, pero sabemos que todavía hay una chance más. Siempre esperamos escuchar esa noticia que nos devuelva la sonrisa, esa seguridad de saber que estás bien; que estás acá, en cuerpo y mente. Y hay días en que lo que nos informan hace crecer las esperanzas y otros en los que de un golpe la realidad nos prepara para lo inevitable.

Gustavo, somos todos: los que te conocemos desde la muchedumbre de un estadio, o la soledad de un cuarto lleno de música, o desde tus palabras escritas en un papel, o tu imagen pixelada en una pantalla, los pocos que te pudieron saludar, los que te robaron una sonrisa para la foto, esos colegas que te admiran, esos que también fueron amados por vos. Somos muchas manos que no te sueltan, muchos corazones heridos. Somos tantos que todavía creemos que un día te vamos a ver volver.

No nos sueltes más Gus, que todavía queda tanto por decir...


martes, 23 de noviembre de 2010

Ser celíaco en Buenos Aires


La celiaquía es una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la inflamación de los intestinos ante el consumo de la gliadina, que es una proteína que viene en los cereales, a la cual muchos conocen como gluten. Esta enfermedad implica problemas para poder acceder a una alimentación necesaria, tanto a nivel económico como a nivel social.
Mónica Farias, miembro del grupo promotor Ley Celíaca, cuenta lo difícil que es conseguir alimentos permitidos por lo caro y por sí están o no aptos. “En los supermercados no es tan simple. En algunos encontrás un montón de productos que pueden llevar el logo, pero no necesariamente pueden estar libres de gluten”. Mónica explica que más allá de poseer o no el logo los productos aptos para celíacos, ellos consumen alimentos que se encuentran en los listados de las asociaciones. Estos listados consisten en alimentos que están testeados que son libres de gluten. “Sí no están dentro de los listados por alguna razón de contaminación cruzada o porque tienen atrasos los análisis o porque no están testeados debidamente, lo recomendable es no consumirlos”, explica.
Más allá de eso las empresas pueden poner el logo en el packaging, nunca se sabe si es realmente apto para celíacos. De ahí proviene la importancia incluso, para algunos esencial, en el día a día, de tener conocimiento y contacto con esta lista de alimentos libre de gluten. Son las asociaciones en este caso, las que los verifican, y promueven el aceleramiento de los trámites para incorporar al listado nuevos productos.

El grupo promotor Ley Celíaca lo que hace es brindar la misma información que posee cualquier celíaco que está bien informado, donde aconsejan sobre cómo manejarse y con quien contactarse.
“Como soy celíaca asintomático, puedo estar comiendo algo y no me voy a dar cuenta hasta el otro día o sí me hago unos análisis”, de ahí es donde proviene lo peligroso y la importancia de este listado.
Por Yamila Deluca

Templos de la comida porteña


Lejos de ser top, con decoración minimalista y carta escueta, los bodegones de Buenos Aires son pura historia y, por tanto, exuberancia en todo sentido. En su mayoría empezaron como almacenes, más tarde comenzaron a despachar bebidas y un día eran restaurantes. Son “esos lugares en los cuales la comida tiene buen sabor, donde nadie te mira con mala onda si compartís tu plato y donde las pastas caseras o el arroz con mariscos son tan ricos que te acercan a la verdad divina...”, en palabras de Pietro Sorba, periodista y crítico enogastronómico, que dedicó un libro entero a estas perlitas de la gastronomía porteña. Perlitas pero ya no escondidas. Los bodegones ahora son visita obligada no sólo para los turistas sino también para porteños con paladar exigente que, además de buena comida casera, encuentran la atención de mozos con años de oficio y un aire rioplatense en cada rincón. Entre los que destaca Sorba en su libro “Bodegones de Buenos Aires” están:

1. El Preferido de Palermo. Está dividido en dos y ejemplifica claramente el formato con el que comenzaron los bodegones: un almacén + un salón de despacho. En el restaurante se sirven buenos ejemplares de comida española. Las tortillas son un clásico. Este lugar nacido en 1952 se mantiene inmune a las modas culinarias circundantes.
Borges 2108, Palermo / T. 4774-6585
2. La Gran Taberna. Tiene 60 camareros y una carta ancha como un manual de instrucciones, con más de 100 platos. Situada frente al Congreso de la Nación, La Gran Taberna es una fija para todos los días. ¿Platos? Demasiados para elegir unos sólo. Pero las rabas a la romana no fallan.
Combate de los Pozos 95, Congreso / T. 4951-7586
3. Lo de Mary. Del almacén que durante muchas décadas funcionó en la esquina de Humahuaca y Acuña de Figueroa quedan el mostrador, las heladeras con puertas de madera y las estanterías cargadas de viejas botellas de aperitivos. Por lo demás, Lo de Mary es, básicamente, una gran parrilla barrial con carnes dignas a precios amistosos y otros platos clásicos porteños. El menú se presenta en hojas impresas dentro de folios viejos, pero el que sabe no necesita leer demasiado: irá por la entraña, el bife de chorizo, o el matambrito de cerdo. Los domingos antes del mediodía se sirve vermú con soda y un desfile de platitos.
Humahuaca esq. Acuña de Figueroa, Almagro / T. 4864-8033
4. El Obrero. Este establecimiento pasó de ser el comedero de los obreros que trabajaban en los talleres del barrio de Barracas en los años 50 a convertirse en el más “fashion” de los bodegones porteños, al que van artistas nacionales y hasta internacionales. Detrás de esa fachada, hay una gran cocina con inolvidables pucheros, pescados y paellas, entre tantas otras cosas. El detalle: La carta, en pizarras amuradas a la pared.
Agustín Caffarena 64, Barracas / T. 4362-9912
5. La Maroma. Su menú es de 350 platos. Basta echarle un vistazo para saber de qué se trata todo esto: suprema Maryland, ravioles a la Parisienne, sardinas con papas y cebollas, bife de chorizo con fritas… es decir, lo quieras, como quieras y con el acompañamiento que quieras. Lugar tanguero y barrial.
Mario Bravo 584, Almagro / T. 4862-9308
6. El Puentecito. La cerradura en la puerta de entrada a este lugar no sirve para nada. Ocurre que este bodegón no cierra jamás: está abierto las 24 horas todos los días. En la frontera que divide Capital de provincia, El Puentecito es un testimonio arquitectónico y culinario del Buenos Aires portuario de los últimos dos siglos. Tiene costillas de cerdo a la riojana, mejillones a la provenzal, rabas y muchos platos más.
Luján 2101 esq. Vieytes, Barracas / T. 4301-1794
7. Albamonte. Un clásico de la zona que circunda el cementerio de la Chacarita. Acá lo importante tiene dos vertientes. Por un lado la pizza cocinada al horno a leña. Por otro, los platos principales que hacen base en los orígenes italo-argentinos del lugar. Pastas, picadas, mariscos y pescados a la cabeza. El plato preferido del autor del libro: las trillas fritas.
Avenida Corrientes 6735, Chacarita / T. 4553-2400
8. Miramar. Los fiambres son un punto fuerte de este reducto. Los platos principales abren un abanico amplio que abarca guisos, tortillas de papa bien babé, mondongo, lechón, chambota, sardinas asadas, ancas de rana, caracoles y, para el postre, mousse de chocolate. Pero el clásico del lugar es el rabo de toro en vino tinto. Y a propósito de vinos, la oferta es tan vasta como la de las cavas ostentosas de cualquier restó moderno.
Av. San Juan 1999, San Cristóbal / T. 4304-4261
9. Café de García. Los amantes de las picadas deben conocer este espacio de Villa Devoto. Te sentás y empiezan a traer platos. Son treinta en total y a veces cuesta terminarlos. Acompañada de una cerveza bien fresca, a esta picada no hay otra que le haga competencia.
Sanabria 3302, Villa Devoto / T. 4501-5912
Por María Sol Romero